
La firma de moda femenina Kling hunde sus raíces en el barrio madrileño de Malasaña, epicentro de la cultura underground de esta ciudad y territorio de moda. Surgió a partir de exclusivas camisetas concebidas para los amigos pero, gracias al éxito entre prensa y celebrities locales, en tan solo cinco años éstas dieron origen a una completa colección de moda.
Así empiezan a desarrollar cuatro colecciones al año, permitiendo a la marca anticiparse al ritmo vertiginoso de las tendencias y al gusto de sus fans. Cada colección se declina en tres líneas diferenciadas: BASIC, que destaca por sus sencillos patrones; DAILY, compuesta por prendas que invitan a experimentar con las texturas y las superposiciones; y STYLE, que desarrolla el patrón, la calidad de las telas y el diseño, creando así piezas únicas.
La recién inaugurada colección de complementos incluye bolsos, sombreros, zapatos y también medias, calcetines y leggings en colores y estampados que unifican el estilo de cada colección.
Kling propone un estilo fácilmente identificable por su marcado estilo retro de toque hedonista, su riqueza cromática y de estampados o sus líneas ágiles pero suntuosas. Estas son las claves de la fórmula Kling, elementos inamovibles de la marca y que han fomentado su consolidación en el mercado.
Y es que, pionera en la venta online, Kling cuenta con tiendas propias en España (5), Francia (1) e Irlanda (1) y más de 400 puntos de venta en mercados como Italia, Suecia, Alemania, Grecia, Portugal, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Suiza, Estados Unidos, Canadá, Japón y Rusia.
La empresa está integrada por un equipo de 15 personas. Su tasa de exportación representa en torno a un 60% de su facturación y acude habitualmente a salones de referencia como Bread & Butter (Alemania) y Mode Fabriek (Holanda).