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Uno de 50, cuando la rebeldía se hace joya

5 octubre 2009

Concha Díaz del Río fundó la marca Uno de 50 en 1997 con la idea de crear accesorios de moda con diseño fuera de lo común, rompedores y cargados de sentido del humor. En 1999 decidió profesionalizar la gestión de la empresa con la incorporación de José Azulay, actual presidente y propietario de esta firma que se ha hecho un hueco entre las fashionistas con sus irreverentes piezas.

En las instalaciones de Uno de 50 en Alcobendas (Madrid) constatamos que todas las piezas se realizan artesanalmente tras un meticuloso trabajo de diseño por parte de Concha Díaz del Río. Entre resinas, cadenas y piezas metálicas descubrimos que cada estancia lleva el sello de la creadora, incluso el despacho del presidente, un espacio de aire industrial con paredes de ladrillo y decorado con vitrinas de Uno de 50 y objetos reciclados procedentes del Rastro madrileño.

Concha y José nos detallan el momento que atraviesa este proyecto rebelde y exitoso que pronto contará con tienda propia en Miami.

¿Cómo se transforma una idea tan original en una empresa de éxito?
José Azulay:
La idea nació de Concha Díaz del Río, una persona con muchas inquietudes artísticas que quería transformar el mundo de la bisutería y el complemento a través de objetos que fueran distintos de lo que había entonces. Con mucha imaginación y capacidad de invención desarrolló el proyecto, con muchas ganas de hacer su aportación al mundo artístico y creativo. Empezó realizando objetos de regalo pero pronto descubrió que lo que más triunfaba eran las pequeñas piezas de bisutería, como anillos, pendientes o pulseras.

“Incrementaremos el componente de plata para que las piezas duren todavía más”

¿Sigue habiendo 50 únicas piezas de cada modelo?
J.A.:
Originalmente era así, de ahí el nombre de la marca, pero al abrir tiendas nos vimos obligados a incrementar la producción para que las piezas -no la totalidad- llegaran a todas ellas. No obstante, nos esforzamos día a día por mantener la exclusividad de la marca, haciendo ediciones limitadas con la intención de que nadie llegue a una fiesta y descubra que otra persona lleva el mismo anillo, por ejemplo.
Concha del Río: En ese momento me pareció buena idea hacer 50 unidades de cada modelo, más eran muchas y menos eran pocas. El número 50, además, es un número redondo.

¿Cómo se consigue esa textura envejecida tan característica de las creaciones de Uno de 50?
J.A.: Empleamos una combinación especial de muchos metales hipoalergénicos y un baño posterior de plata que consigue que las piezas duren muchísimo y lleven ese acabado rústico y rompedor al tiempo. Ahora mismo empleamos un baño de 15 micras e plata pero lo incrementaremos para garantizar que las piezas duren de por vida. Con el tiempo hemos ido incluyendo más color y resinas, así como nuevas líneas, desde llaveros hasta lámparas o bolsos. Las últimas incorporaciones son la gama de relojes y la de bolsos. Concha tiene una imaginación inagotable, siempre está creando e inventando.
C.D.: De momento no tenemos intención de introducir un nuevo material, aunque el equipo de diseño está pensando nuevas ideas, todas ellas fabulosas. Además, a nuestros materiales fetiche - la aleación característica de la marca y el cuero – todavía le queda una larga vida con la que sorprender a nuestro público.

¿Dónde está la inspiración de Uno de 50?
C.D.: En miles de objetos extraños que me encuentro por la calle. No podría elegir uno porque todos me llevan a crear o desarrollar ideas creativas.

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