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Jesús del Pozo, arquitecto del vestido

21 septiembre 2009

A Jesús del Pozo le hubiera gustado vestir a Picasso. La inquietud artística, el afán multidisciplinar y el amor por el trabajo bien hecho se respiran en cada rincón de la maison Jesús del Pozo, un espacio amplio, sosegado y luminoso del madrileño Mercado Puerta de Toledo, donde nos recibe.

Empezó diseñando moda masculina y hoy aplauden sus vestidos, ¿cómo ha sido el camino?
Llegué a la moda por pura casualidad. Me hacía toda mi ropa, y todo el mundo me preguntaba dónde me la compraba. Después de pasar una época larga de mi vida fuera de España, decidí instalarme Madrid y abrir una tienda en la que pudiera vender los diseños que hacía para mí. Ese es el motivo por el que nuestra boutique de la calle Almirante inicialmente estuviera dedicada exclusivamente a la moda masculina.

¿Cómo recuerda los comienzos de la firma, hace ya tres décadas?
Tenía un taller en el que trabajaba junto a una magnífica profesional de la alta costura que había colaborado con Pertegaz y Herrera y Ollero. Casualmente gracias a ella me resultó muy fácil dar el salto a la moda femenina. Inmediatamente empezamos a hacer cosas de mujer. No olvidemos que muchas ya me encargaban diseños, y que desde el primer momento entraban en mi tienda a comprar prendas de hombre para ellas: esmoquins, trajes, jerseys, camisas…

“Desde que tengo uso de razón estoy transformando cosas con las manos”

Quien entraba en la tienda hace 35 años, ¿descubría ya esos volúmenes tan estudiados que son marca de la casa?
Hay un criterio estético desde el principio que ha cambiado poco pese a haber evolucionado. Me siguen gustando los mismos colores -nunca estridentes-, las líneas puras y el volumen. Desde que tengo uso de razón estoy transformando cosas con las manos. De pequeño cambiaba la forma de los juguetes, y trabajaba mucho con arcilla, escayola y todo lo que se pudiera manipular. Disfruto trabajando –probando, inventando, colocando, resolviendo...-; no sé ni siquiera por qué lo llamo trabajo, porque me lo paso muy bien. Lo que menos me gusta es lo que tengo que hacer alrededor de ese trabajo, gestionar una empresa y todo lo que eso conlleva.

Aparte de la colección de prêt-à-porter, siempre ha habido un taller Jesús del Pozo para encargos de costura...
Antes desarrollábamos más diseños a medida que ahora. Yo hacía un tipo de costura muy personalizado, y eso en la actualidad me cuesta mucho más trabajo, ya que tengo que ocuparme de otras cosas. La parte de costura se reserva para clientes de toda la vida, y se harán entre 20 y 30 modelos al año. Hay épocas y eventos especiales, como la boda del Príncipe Felipe en 2004, que siempre generan muchos encargos.

“Antes había una dictadura de moda que ahora no existe”

¿Cómo ha influido en su estilo el avance experimentado por la mujer?
Hoy la mujer tiene un tipo de movimiento diferente al de hace 20 o 30 años, y por supuesto muy distinto al de hace medio siglo. También el tipo de vida y las necesidades son diferentes. Es mucho más activa, trabaja más y necesita ropa dúctil que le sirva tanto para estar en el despacho como para asistir a un cóctel, con leves modificaciones. Una de las grandes evoluciones de la moda en estos últimos años es que antes había una dictadura de moda que ahora no existe. Hay un abanico amplísimo de posibilidades tanto para el hombre como para la mujer. Puedes ir bien o mal en función de lo que te pongas, pero no por lo que lleves o no lleves.

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