Colección primavera-verano 2009
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3 febrero 2009
El savoir faire de Magrit se plasma cada temporada en diseños a la última que aúnan sensualidad, tradición y la más alta calidad. Cuando José Amat Sanchiz fundó la empresa en 1929 era impensable imaginar que casi un siglo después la vertiginosa tasa de exportación de su “criatura” alcanzaría el 90%.
Este “zapatero de silla” –así se denominaba el oficio del que sabía fabricar un par de principio a fin– traspasó el inestimable legado de artesano zapatero a sus hijos y nietos, actuales gestores de la empresa Disgramarc, propietaria de Magrit. Es Pepe Amat, su director, quien responde a nuestras preguntas sobre la trayectoria de la compañía, sus grandes logros y sus retos inminentes.
¿Cómo se transforma un pequeño taller artesanal en una firma de lujo?
Apostando muy fuerte por la marca, un factor clave de diferenciación y de exclusividad cuando tiene fuerza y va acompañada de un producto lo suficientemente bueno como para asociarse a ella. Ya lo decía mi padre: “el futuro va a ser solamente para los pocos elegidos que estén muy posicionados en el mercado, tengan marca, buenas relaciones internacionales y un know-how de probada eficacia. Sólo ellos van a sobrevivir. Y eso, con mucho sacrificio”. De esa forma hemos conseguido transformar aquel pequeño taller en el que trabajaban 15 personas en una empresa que emplea a 200 trabajadores.
¿Cuándo se incorporó Pepe Amat al negocio familiar?
En 1979, fue un paso para el que parecía predestinado. Ya de niño andaba por la fábrica y desde muy joven he viajado con mi padre, he asistido a ferias, he conocido a los clientes, he participado en el diseño de las colecciones... Nunca puse en duda que fuera a ser zapatero. Junto con mi hermano Manolo, me marqué el objetivo de estabilizar la marca, priorizar mercados y fortalecer los que se pudieran haber debilitado en un determinado momento.
¿Qué queda de aquella empresa llamada Margarita que fundó su abuelo en 1929?
Ochenta años de historia suponen una larga tradición. Han cambiado muchas cosas desde nuestros inicios, y otras muchas han permanecido. Magrit sigue siendo una empresa absolutamente familiar que en la actualidad es propiedad de la tercera generación Amat. Ahora estamos incorporando a la cuarta generación. Seguimos fabricando todas nuestras colecciones en Elda (Alicante), y la apuesta por seguir en nuestro pueblo es firme. Tenemos un compromiso moral con él. Aquí se sabe cómo “hacer” zapatos.
En Magrit siempre se ha dicho que “hacer” un zapato y “fabricarlo” son dos costas bien distintas…
No nos gusta usar la palabra “fabricar” en relación al calzado. En Magrit pervive la tradición artesanal y un esmero que se refleja en la creación de piezas únicas. Cuando hablamos de “fabricar” eliminamos toda esa labor creativa y de artista. Precisamente el esmero con el que desarrollamos las piezas hizo posible que firmas internacionales de lujo como Carolina Herrera o Yves Saint Laurent nos confiaran la fabricación de sus colecciones de calzado. Durante 56 años hemos colaborado activamente con la marca suiza Bally, llegando a representar el fruto de esta alianza un 50% de nuestra producción. De ellos bebimos, aprendimos y conservamos vivo el know-how de fabricación, un valor absolutamente precioso para nosotros.